Gustavo Riesgo disertó en la segunda jornada del Congreso que se desarrolló en el Centro de Convenciones de La Punta. Es pionero en Filosofía de la Inteligencia Artificial y director del PaideIA. Para él, “el esfuerzo del aprendizaje es lo que queda”, por lo que la tecnología no debería reemplazarlo.
Uno de los disertantes de la segunda jornada del Congreso Internacional de Educación ‘San Luis, Cuna de Maestros’, que se desarrolló en el Centro de Convenciones de La Punta, fue Gustavo Riesgo; pionero en Filosofía de la Inteligencia Artificial, campo en el que fundó y dirige la primera cátedra universitaria dedicada a esta disciplina.
Minutos después de su conferencia magistral ‘¿Qué nos revela la IA sobre lo humano en la educación?’, el director del Programa Argentino de Innovación de la Educación con Inteligencia Artificial (PaideIA), destacó el valor del evento: “Como dice algún amigo, ‘la inspiración no viaja por fibra óptica’. Entonces, el sentido de reunirse permite generar atención compartida”.
En este sentido, enfatizó que no se trata de tener la mirada de uno al otro, “sino mirar juntos hacia el mismo lado, sobre el que compartimos ideas, dialogando y, sobre todo, complementando saberes”. El encuentro, de esta manera, se reviste de una importancia incomparable, “porque la inteligencia artificial, justamente, esto no lo puede hacer, no puede habitar un espacio de personas y generar una atención”, compartió.
Riesgo, profundizó sobre el intercambio que se produce entre los seres humanos y la IA, al que definió como “un simple intercambio con un artefacto que no es persona”, y agregó: “Juntarnos personas para conversar sobre el artefacto sería el orden adecuado de los factores”.
Respecto al aporte de la IA al trabajo del docente, el especialista remarcó que, si bien la tecnología “nos asiste para generar contenidos con cierta velocidad, precisión y facilidad, y, al mismo tiempo, distribuirlos con cierto nivel de personalización masiva”; esto no reemplaza “el contexto interpersonal que solo un docente con ojos amorosos puede tener con relación a sus estudiantes, y viceversa, la atención de los estudiantes con el docente”.
No obstante, argumentó que la forma en las que se presentan ciertas propuestas de inteligencia artificial generativa “puede parecer que facilita, pero, en realidad puede estar reemplazando un proceso arduo que tiene otros tiempos, y que es necesario transitar”. En este contexto, manifestó que no hay que descuidar las habilidades cognitivas, dado que no son un resultado sino un proceso el cual es fundamental atravesar. Y precisó: “El esfuerzo es el aprendizaje, eso es lo que queda”.
Y ejemplificó con un dicho popular: “¿Quién te quita lo bailado?”; lo bailado es lo que la inteligencia artificial no debe reemplazar, porque esa apariencia de conocimiento genera lo que se llama deuda cognitiva en el usuario”.
Para él, el desafío de integrar la IA en las aulas involucra varios aspectos. Por un lado, indicó que “trataría que estuviera presente, pero no visible, porque la economía de la atención que hoy tienen nuestros estudiantes está muy sesgada por pasar mucho tiempo en la pantalla”. De este modo, especificó que “no incrementar el tiempo de pantalla no significa no usar inteligencia artificial”, sino que esta puede estar en el proceso detrás del aula, aportando valor, detectando trayectorias y acompañando resultados.
Luego, destacó el principio de iteración, es decir, “saber que nos podemos equivocar y que hay que ir de menos a más con un proceso de repetición, viendo que, de pronto, lo que funciona en un sitio puede no ser algo deseable de imitar tal cual en otro”, por ello, la IA no reemplaza “la intuición de docente que con su sensibilidad, percepción y conocimiento puede solventar eso”.
Un último aspecto es la utilización de un “aula invertida”, es decir, “no usar la inteligencia artificial para preguntarles cosas, sino que, sea la IA la que interrogue al alumno. Para eso es muy buena, para elaborar un diálogo, pero, por supuesto, siempre tiene que estar el maestro. El maestro es el que guía, el pedagogo es el que lleva de la mano, y eso requiere esa presencia”.
Como cierre, transmitió un mensaje para los docentes. “Todos pasamos por distintas circunstancias vitales, pero, fundamentalmente, el maestro es aquel que tiene la capacidad para generar ese espacio humano en donde se construye una relación de enseñanza-aprendizaje, donde, por supuesto, hay alguien que viene con cierto bagaje de conocimiento, otro que tiene las potencias necesarias”, dijo.
Y concluyó: “Si tuviera que sintetizar esto en una línea sería: enseñar es algo que nos hace más humanos, y aprender desde que nacemos hasta el fin de nuestra vida es lo propio de la persona. Entonces, creo que están en el mejor lugar para tener una profesión que, ejercida, plenifica a la persona en lo más profundo. Así que es un lugar de privilegio que ojalá puedan disfrutar y hacer un mayor bien a la humanidad”.





